Cuando barremos con nuestras viejas escobas, nadie niega que con ayuda del recogedor, hacemos una gran labor de limpieza, pero al mismo tiempo levantamos un polvo muy perjudicial para los enfermos de asma, que se deposita por todo nuestro entorno y que luego tenemos que ir recogiendo con las gamuzas, que a la vez vuelven a poner en movimiento ese polvo.
Recuerdo cuando entró el primer aspirador en mi casa, venía con un largo cable que había que recogerlo pasándolo a lo largo del mismo aspirador.
No venia con demasiados accesorios, por lo que el aspirador no llegaba a todas partes de la casa, además el aspirador hacia un ruido ensordecedor, tanto era así que cuando sonaba el teléfono en casa mientras utilizábamos el dichoso aspirador nadie lo oía sonar.
Mi madre era la única que utilizaba el aspirador en casa, por miedo a que lo estropeáramos, o estropeásemos los muebles al darles constantes golpes con el aspirador.
Curiosamente por aquella prohibición mis hermanos y yo siempre estábamos peleándonos por utilizar el aspirador.
Mi madre solo lo utilizaba para hacer limpiezas generales, pero cada vez que un baso se rompía y sus pedazos se esparcían por toda la estancia, el aspirador era una buena ayuda, aunque no llegaba a aspirar los trozos más grandes.
Había que tener mucho cuidado con lo que se nos caía al suelo pues el aspirador no entendía de objetos costosos y lo aspiraba todo lo que con sus 1000 o 1500 vatios podía.
Aún recuerdo como mi madre tuvo que estar mirando entre la porquería de una bolsa del aspirador porque mi prima había perdido un pendiente en casa y nadie lo encontraba por ninguna parte.
Años más tarde se cambió ese aspirador por otro más novedoso que tenía más potencia y que consistía en un aparato que se iba arrastrando por el suelo, ya que tenía ruedas y con la manguera a la que se le adaptaba diferentes cepillos era con lo que se iba aspirando todo.
Este aspirador tenía más potencia pero el inconveniente de que había que tener cuidado al tirar de él pues en ocasiones el cable se atoraba con las ruedas y había que estar agachándose para desatascarlas.
Además ese aspirador no andaba bien por las alfombras y había que ir tirando de él como a empujones.
Pero a pesar de todas las virtudes de este electrodoméstico, en casa nunca puede faltar una escoba, un recogedor y las gamuzas para limpiar el polvo.
La escoba ahora no es de mimbre y es de modernísimas cerdas de diferentes plásticos, el recogedor suele tener un asa alargada para no tenernos que agachar y las gamuzas son de unos tejidos especiales que atrapan el polvo sin dejar nada al aire.
Y los aspiradores son como pequeños platillos volante silenciosos que solo les hace falta volar o subirse por las paredes, y que hacen la limpieza ellos solitos.
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